viernes, 26 de febrero de 2010

El principio de Todo

Uno nace acostumbrado a buscar la otra parte. Como si naciera incompleto, como si fuéramos tan solo un boceto de felicidad, esperando que otro pueda repasar con indeleble esas líneas imaginarias.

Sin embargo olvidamos que nacemos como un todo. Que no somos fracciones de algo, esperando completarse. Somos el mismísimo centro. El grado de energía necesario para poder cambiarlo todo, para que las cosas entren en movimiento, para que tanto nuestro ser como todo lo de alrededor tenga vida.

Posiblemente la gente crea que es más fácil manejar las cosas desde una sociedad con otro, en pos de desligarse de ciertas responsabilidades correspondientes a la propia persona. Transitando caminos oscuros, esperando que alguien venga con una vela, a mostrarnos por dónde caminar. Aunque sepamos brillar, es más cómodo olvidarnos que somos entes autárquicos, porque un paso en falso no tendría otro culpable que nosotros mismos.

Me permito entonces, denotar la cobardía de aquellos individuos que presos de su inseguridad, mueren incompletos, lloran situaciones impropias, sufren soledades, despotrican cuando el destino los pone en otro lado, y aceptan únicamente la posibilidad de la felicidad buscando continuamente bases ajenas.

Somos responsables de nosotros mismos. Somos responsables del pasado, del presente y del futuro del universo. Somos el principio de todo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Flotar

De cuando todo pierde sentido estricto del tiempo. Lo relativo toma un caracter totalmente absoluto, el todo se concentra en no dejarnos ni un cachito de lugar donde pisar, donde sentirnos firmes. Todo da vueltas a nuestro alrededor, y es que si miramos bien, quizás seamos nosotros quienes estemos girando, flotando sobre incertidumbres. Y si te quiero te idealizo, y te quiero y te creo. Te creo porque siempre quise tener alguien así. Y no te creo, no podés ser real. Sos demasiado perfecto para creerte, y sos perfecto porque te creé, y ya no sos vos, no existís, te inventé. Me inventé. Volví a flotar.
Y es que pensar tanto rompe el globo y nos deja perdidos en una nebulosa infinita de dudas existenciales... Y no pensar es lo que más me cuesta. No pensar me haría caer en picada en el más profundo abismo... No pensar es la mejor forma de darle la razón a los demás de que uno es esclavo de su mundo.